Reconozco...
Reconozco que a veces me da miedo la propia vida y la velocidad con que se titubean mis relojes.
Reconozco que yo también tengo huecos que aún nadie ha llenado, y muchos otros que me he ido haciendo yo a golpe de sacacorchos.
Reconozco que a veces me pinto un cielo azul grisáceo y me lo pongo sobre la cabeza para que haga juego con tus ojos.
Reconozco que necesito estar al borde del precipicio para llegar a la cuenta de que aún no tengo alas para saltar y volar.
Reconozco que soy de harina y antes de salir a la calle me disfrazo de acero.
Reconozco que echo de menos demasiadas cosas, tanto que a veces creo que no lo voy a soportar. De vez en cuando echo de menos lo que nunca he tenido, ya ven ustedes: la estupidez es la única droga a la que soy adicta; sucumbo a la nostalgia de lo que pudo ser y no fue...
No hace falta que me absuelvan... (stricto sensu)
...me condené hace tiempo.

